Descripcion: Redención
La vida de Juan nunca había sido completamente suya. Nada en ella le pertenecía. Desde su agenda, a la que se sometía con religiosa resignación, hasta su forma de vestir, estaban regidas por una fuerza superior a cualquier intento de resistencia. Los horarios marcaban el ritmo insistente de sus días; cada minuto estaba asignado a una tarea. La temerosa prudencia dictaba cada uno de sus comentarios, una fastidiosa formalidad ordenaba prolijamente su guardarropa.
La aceitada maquinaria marcaba el ritmo de todas sus acciones, y le servía para sostener una postura obsecuente que le permitía vivir sintiéndose aceptado como una pieza más de lo que llamamos realidad. Esas ineludibles obligaciones lo exponían a una presión a la que hacía tiempo se había entregado con total sumisión. Mantener la farsa para no sentirse marginado lo alejaba aún más del mundo. Todos con los que compartía alguna actividad, tarde o temprano lo sometían al doloroso exilio del olvido. Pero Juan parecía no sufrir esa soledad... o quizás, simplemente prefería no ver. Era más sencillo asignarle torpemente a la envidia aquel profundo silencio que lo rodeaba.