Descripcion: Relato 1
Los cuentos del viejo Luna
El alma de Wacolda
El pueblo era como tantos otros, chico, o grande, al norte o quizás más al sur eso no tiene importancia, como tampoco lo tiene su nombre. Lo importante es que ahí pase mi infancia y que mis primeros recuerdos quedaron en ese territorio.
Se había formado al frente de la estación de trenes, como tantos otros y tenía una plaza enorme y en el centro una estatua de San Martín a caballo, que con su sable apuntaba hacia la libertad, o al menos era lo nos decía el maestro de historia. La iglesia, el palacio municipal, el juzgado de paz y la comisaría estaban alrededor de la plaza, también los principales negocios.
El pueblo de a poco fue creciendo y llegaron nuevos vecinos. Se lotearon nuevas parcelas y se formó el barrio nuevo, este quedaba del otro lado de las vías y de ese momento una división absurda marcaría la vida social del pueblo. Las vías eran el límite
del centro y su periferia, pero eran a la vez una división social, los del centro por un lado y los orilleros por el otro.