Descripcion: Prefacio
Me cuesta horrores concentrarme. La lluvia no ayuda y el
papel menos.
Los mejores geólogos literarios saben que a las 13 y 35;
cuando el alemán se echa a dormir; cuando el tipo del
noticiero escapa al baño para sacarse una lagaña y deja a la
chica sola dando los títulos; o cuando el policía del tránsito se
acuerda que no pagó la factura del gas y advierte que su mujer
se va a enfadar mucho cuando se entere; a esa hora es cuando
viene desde la modesta ciudad de Te Paki, un granito de arena
con dos adjetivos, uno agudo y otro sobreesdrújulo, claro está,
y en su camino se va sedimentando con otras palabras,
básicamente: como toda inspiración. La cosa es, para no
alargarla, que cuando llega hasta donde estoy yo, es como una
tormenta de ideas. Debo entonces agarrar una olla que me
sirva para atrapar todas las palabras posibles y, rápido,
escribirlas con una herramienta que sea apta para ese trabajo,
es decir, algún teclado.